Llevas semanas trabajando en un proyecto. Has investigado, has
bocetado, has editado hasta la madrugada. Finalmente, haces clic en
"Enviar". El feedback llega y es positivo: "¡Gran
trabajo!", "Increíble enfoque", "Superaste las
expectativas".
En lugar de sentir una oleada de orgullo, sientes… alivio. Y casi
de inmediato, un pensamiento intruso se cuela en tu mente: "Tuve
suerte esta vez. El profesor estaba de buenas. En la próxima entrega se darán
cuenta de que no tengo ni idea"
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